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ASTRONOMIA DE LOS MAYAS |
Por: José Marcelo Tesari
Los mayas eran agricultores, y por eso para ellos era muy importante medir el tiempo y prever las estaciones. Tras mucho observar los astros, elaboraron un calendario solar de 365 días, dividido en 20 días cada uno, más un mes complementario de 5 días. Tomaron como punto de partida para la historia del mundo el día equivalente a nuestro 10 de agosto del 3113 a. C. El calendario maya era mucho más exacto que el que usaban los europeos en la época del Descubrimiento. Aspectos que dan cuenta de los conocimientos sobre astronomía con que contaban una de las más antiguas comunidades americanas, los mayas.
LOS ASTROS Y LOS MAYAS
Los antiguos mayas crearon un sistema adecuado de escritura y numeración que les permitió calcular la periodicidad de los eclipses de Sol y de Luna. Sus descubrimientos astronómicos se encuentran registrados en las tablas de los eclipses que forman parte del Códice de Dresden.
En los pueblos antiguos el impacto que causaba un eclipse era muy grande y los sacerdotes mayas, para solucionar futuros problemas, registraban en sus propios libros jeroglíficos lo que sucedía en las ciudades y con los gobernantes.
En el México antiguo no se tenían instrumentos para realizar cálculos astronómicos, por ello a los astronomía mesoamericana se la conoce como "astronomía sin telescopio" porque sólo se usaban los ojos, papel y tinta. De acuerdo con la descripción de un fraile, los astrónomos prehispánicos se sentaban en el suelo y sobre sus cabezas colocaban una especie de tela delgada, quizá con ella veían el movimiento periódico de los astros a lo largo del tiempo.
Los mayas, para realizar sus observaciones, utilizaban las llamadas "varas cruzadas" que eran dos palos amarrados en forma de cruz y puestos sobre otro colocado de forma vertical, a cierta distancia de este implemento ponían otro palo y cuando el observador se situaba atrás de alguna de las varas podía hacer un trazo visual. Cuando veían el Sol practicaban la astronomía horizontal y, por el contrario, al observar el cielo se acostaban.
Los pueblos prehispánicos construyeron edificios especiales como el J de Monte Albán, Oaxaca, y el Caracol de Chichén Itzá, a cuya arquitectura ahora se le denomina calendárica.
Esas construcciones permitieron registrar algunos puntos del horizonte, "pues la orientación de sus muros y aberturas hacia direcciones de importancia astronómica les hacía servir como marcadores".
EL CÓDICE DE DRESDEN
Los mayas anotaron todas sus observaciones astronómicas en los códices o libros jeroglíficos, de los cuales sólo se conservan tres y llevan el nombre de los lugares donde se encuentran: Dresden, Alemania; París, Francia, y Madrid, España. Sus creadores los doblaron en forma de acordeón y los hicieron en papel de amate. A cada lámina se la denomina página y se encuentra dividida en una sección superior y una inferior, A y B, respectivamente. Los sacerdotes mayas leían la parte superior y luego la inferior.
En una parte del Códice de Dresden se hace un recuento detallado del comportamiento del planeta Venus, cuyo ciclo es de 584 días. "Para los sacerdotes mayas lo más importante eran los glifos de los códices, ya que les permitían conocer con anticipación los augurios y sucesos que ocurrían en fechas importantes para ellos. También se encuentran registrados en este documento prehispánico, los eclipses que ocurrirán durante años siguientes en nuestra época.
Los mayas llamaban a los eclipses la comida del Sol o de la Luna, porque pensaban que un enorme monstruo atacaría a alguno de esos astros. Esto lo representaron en el Códice de Dresden al dibujar unas bandas jeroglíficas planetarias o celestes en las que se representaban algunos de los planetas: una parte blanca y una negra que simbolizan a los eclipses, y un monstruo que se comía a ambas partes.
El Códice de Desden representa la tradición matemática y astronómica que se desarrolló durante el máximo florecimiento maya, comprende cálculos referentes a movimientos planetarios, eclipses y cuentas calendáricas.
Para representar matemáticamente el tiempo en que ocurría cada fenómeno astronómico, los mayas contaban con un sistema de numeración vigesimal que utiliza al punto con valor de uno; la raya con valor de cinco y un caracol con valor de cero; además, de acuerdo con el lugar en el que se colocaba cada signo, el valor cambia. "Las posiciones están ajustadas al calendario solar de 360 días".

Reglas que se deben seguir para escribir la numeración maya: sólo se pueden colocar cuatro puntos en una misma posición, tres rayas en la misma posición, y los puntos sólo se dibujan sobre las rayas. Los cálculos sobre los eclipses solares y lunares que aparecen en el Códice de Dresden presentan 450 lunaciones consecutivas arregladas en 69 grupos separados, 60 de los cuales están formados por seis lunaciones y nueve por cinco lunaciones cada uno. Un eclipse de Sol o de Luna se presenta cada 177 días, pero no se observa porque la mayoría ocurre sobre el mar.
En la parte de abajo de las tablas del eclipse del Códice de Dresden se encuentran escritos los números 177 y 148 lo cual, de acuerdo con un astrónomo, "es una proeza intelectual de los mayas, semejante los descubrimientos de Newton o Einstein, en su momento, porque redujeron el complicado ciclo de los eclipses a estos dos valores", señaló el astrónomo.
Los solares tienen una periodicidad de 177 días y los sacerdotes mayas, pudieran o no verlos, la anotaron. Elena Sotelo Santos, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que cuando explicó que cuando ocurre un eclipse se debe anotar la fecha, pues se tienen dos posibilidades: dentro de 148 ó 177 días -sumados a la fecha del que se observa- se presentará otro eclipse. Los sacerdotes mayas hacían tales sumas y anotaban los totales en columnas centrales. Estos resultados llegaron a coincidir con el ciclo Saros que se descubrió en Mesopotamia y que resume a todo un proceso de eclipses. "Lo sorprendente de estas cifras es que de forma independiente en Mesopotamia y en el área maya, mediante la observación se llegó a los mismos cálculos", enfatizó Sotelo Santos.
LOS ECLIPSES
Un eclipse se define como la ocultación transitoria, total o parcial de un cuerpo celeste, por interposición de otro. En la antigüedad se creía que presagiaban guerras, pestes, muertes de príncipes o el fin del mundo.
Se presenta entre el Sol y la Tierra. Si la Luna se encuentra en su menor distancia de la Tierra y oculta por completo la luz solar, el fenómeno es total; pero si hay un anillo alrededor del Sol, se produce un eclipse anular. Un eclipse total de Sol es visible desde pocos lugares de la Tierra, hay regiones en donde se observa uno cada 360 años.
Los eclipses de Luna se presentan cuando esto desaparece en la sombra que proyecta la Tierra en el espacio y sólo se produce -aunque no en todos- durante un prelilunio, pues generalmente pasa por el costado de sombra de nuestro planeta.
Aunque parece que debería haber un eclipse de Sol en cada Luna Nueva y uno de Luna en cada Luna Llena, no sucede así porque la órbita lunar está ligeramente inclinada con respecto a la de la Tierra, alrededor del Sol, dos veces por mes, en los puntos llamados "nodos": si al coincidir en los nodos la Luna no es nueva o llena, no se presenta ningún eclipse.
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