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LA ASTRONOMIA EN EL TIEMPO

¿Qué es la Astronomía?

La astronomía es una de las ciencias más antiguas. En los albores de la civilización, el hombre se dio cuenta que la repetición regular de los fenómenos celestes constituía el reloj natural de sus múltiples actividades: la jornada de labor se medía por la salida y la puesta del sol; el mes, por el ciclo lunar; las siembras, las cosechas y el trabajo agrícola en general eran regulados por la aproximación de las estaciones. En los pueblos antiguos, los astros se consideraban como divinidades y el estudio de sus posiciones resultaba esencial para determinar sus influencias sobre los acontecimientos, terrenales. Por este conjunto de razones la astronomía fue, en todas las civilizaciones del pasado, una ciencia tanto al servicio del poder civil como del religioso.

 

La astronomía antigua

Los primeros testimonios de estudios astronómicos se remontan a los milenios IV y ll a. JC., y se refieren a los pueblos de la llamada "media luna fértil" (los territorios bañados por el Nilo, el Eúfrates y el Tigris), a los chinos, los hindúes y a los habitantes de América Cental. Los babilonios determinaron con gran precisión tanto el "mes sinódico" (el intervalo de tiempo entre dos fases iguales y sucesivas de la Luna), como el "período sinódico" de los planetas (el tiempo entre dos posiciones idénticas de un planeta con respecto a la Tierra).

Su calendario se refería al movimiento de la Luna, por lo cual cada año estaba dividido en meses de 30 días. También se debe a los babilonios el descubrimiento del llamado "ciclo de Saros", es decir el período de 18 años transcurrido el cual se repiten los eclipses de Sol y de Luna. Por último, es de los babilonios gran parte de la nomenclatura de las constelaciones todavía hoy en uso.

También los egipcios realizaron estudios de astronomía e introdujeron el calendario basado en el movimiento del Sol, así como también el de la Luna. El año de 365 días comenzaba cuando la estrella Siro aparecía por primera vez en el crepúsculo matutino; este fenómeno coincidía con el comienzo de las crecidas primaverales del Nilo.

Escrupulosos observadores de los fenómenos celestes fueron los chinos, quienes nos han dejado una abundante cantidad de crónicas astronómicas en las que se indican eclipses, aparición de nuevas estrellas, de cometas, etc. Esto, además de tener un indudable valor histórico, posee un enorme interés astronómico ya que permite a los estudiosos de hoy comparar fenómenos antiguos y recientes. También los Mayas y los Incas tenían buenos conocimientos astronómicos y estaban en condiciones de calcular con precisión los eclipses y los movimientos planetarios . En los siglos que antecedieron el comienzo de la era cristiana, Grecia se constituyó en el punto más importante de desarrollo de la astronomía. Aquí no sólo se perfeccionarán los conocimientos de los antiguos pueblos orientales, sino que además se empezará a determinar las dimensiones físicas de la Tierra, de la Luna y del Sol y a construir los primeros "sistemas del mundo" es decir las concepciones sobre las posiciones ocupadas por los diversos cuerpos celestes en el espacio y sobre la naturaleza de los movimientos.

Uno de los más importantes de estos sistemas, elaborado por Eudoxio de Cnido (408-355 a. JC aprox.), describe la Tierra como un cuerpo inmóvil en el centro del Universo, mientras los otros cuerpos celestes gira a su alrededor fijados a una serie de esferas "homocéntricas" (con el mismo centro). Este sistema fue adoptado por Aristóteles (384-322 a. JC) que lo complicó con el agregado de un mayor número de esferas. Gracias a la autoridad aristotélica, las concepciones geocéntricas (Tierra centro del Universo) resistieron hasta el Renacimiento. El gran filósofo proporcionó las primeras pruebas de que la Tierra es esférica no plana.

Entre el siglo lll a. JC y el ll d. JC, la astronomía conoció un período de florecimiento en la ciudad de Alejandría, gracias a cuatro grandes astrónomo: Aristarco de Samos (siglo lll a. JC), Eratóstenes (280-200 a. JC aprox.), Hiparco de Nicea (190-125 a. J( aprox.) y Claudio Tolomeo (90-168 d. JC. aprox.). Aristarco, además de haber medido con discreta aproximación las distancias de la Tierra al Sol y a la Luna y sus diámetros, anticipándose en 18 siglos a Copérnico, sostuvo que el Sol era el centro del Universo y que los otros planetas giraban a su alrededor. Sin embargo su sistema del mundo no logró afirmarse.

Eratóstenes determinó con buena precisión la circunferencia de la Tierra. A Hiparco debemos un catálogo estelar en el cual se introducía el sistema de medición de la luminosidad aparente de los astros. Sin embargo, el astrónomo más grande fue Tolomeo, que además de proponer un sistema geocéntrico diferente del aristotélico, que se impuso y fue aceptado hasta los tiempos de Copérnico y Galileo, nos ha dejado, una inmensa obra de trece volúmenes, el "Almagesto", los conocimientos astronómicos griegos y alejandrinos.

Después de Tolomeo, y hasta el Renacimiento, la astronomía no registró grandes progresos. Los árabes fueron atentos recopiladores de catálogos estelares y efemérides planetarias y su mayor astrónomo, Al Batani o Albatenius (aprox. 858-929), discípulo de Tolomeo, estableció con una mayor precisión las posiciones de los planetas.

En el siglo Xll España, que había experimentado influencia árabe, impulsó los estudios astronómicos bajo el rey Alfonso X se publicaron nuevas determinaciones sobre las posiciones planetarias conocidas con el nombre de "Tablas alfonsinas". Dos de los más grandes observadores y recopiladores europeos fueron: G. Puerbach (1423 1461) y su alumno J. Müller (1436-1476), llamado Regiomontano, considerándose a ambos como los fundadores de la astronomía alemana.

La astronomía moderna

Entre los siglos XV y XVII. se lleva a cabo para la ciencia astronómica una verdadera revolución que conduce al restablecimiento de su principios y al nacimiento de la astronomía moderna. Son artífices de este proceso una pléyade de astrónomos compuesta por Tycho de Brahe (1546-1601), Nikolaus Kopernicus (1473-1543), Galileo Galilei (1564 1642), Johannes Kepler (1571-1630), Isaac Newton, (1643-1727) y Edmund Halley (1656-1742). Tycho de Brahe, fue uno de los observadores más grandes de todos los tiempos. Aun sin disponer de instrumentos ópticos, llevó al máximo grado de precisión la determinación de las posiciones estelares planetarias realizadas a simple vista. Fue el primero en demostrar que los Cometas no son fenómenos atmosféricos sino cuerpos celestes, midiendo su distancia a la Tierra con el método del Paralaje.

En el siglo XVI surgió el hombre que por primera vez tuvo el valor de desmentir, después de siglos de autoridad indiscutida, el sistema geocéntrico: Nicolás Copérnico que, en su principal obra "De revolutionibus orbium coelestium", volvió a proponer, 1800 año después de Aristarco, el sistema heliocéntrico. Si bien el modelo de Copérnico no daba razón con exactitud de los movimientos aparentes de los astros, se constituyó sin embargo en la base para la revolución astronómica, que tuvo en Galileo Galilei su más lúcido protagonista. Este último, desafiando el poder eclesiástico, fiel a las concepciones bíblicas, así como a la cultura de su tiempo, ligada a las enseñanzas de Aristóteles y de Tolomeo, demostró con sus descubrimientos y sus inventos que la Tierra, como todos los otros planetas, gira alrededor del Sol, incurriendo con ello en los graves castigos que imponía la Inquisición.

Además de esto, la contribución más grande de Galileo a la astronomía fue la invención del telescopio, con el cual describió las características físicas del Sol y de la Luna y descubrió las fases de Venus y los satélites de Júpiter.

Sin embargo le correspondió a un ayudante de Tycho, Johannes Kepler, el mérito de descubrir, a través de la interpretación de observaciones planetarias efectuadas por su maestro, las tres leyes que regulan el movimiento de los planetas, aunque sin dar ninguna explicación física.

Más tarde Isaac Newton, realizando una admirable síntesis entre la dinámica de Galileo y las empíricas leyes keplerianas, explicó cual era la naturaleza de la fuerza que mueve a todos los cuerpos celestes: la Gravitación universal. También fue el inventor y constructor de un nuevo instrumento de observación, el telescopio de espejo o reflector. La principal obra de Newton, "Los principios matemáticos de la filosofía natural" (en el siglo XVIII por filosofía se entendía física), fue publicada a expensas de Edmund Halley quien, además de ser un mecenas y un admirador de Newton, fue un agudo observador; a él se le debe el descubrimiento de la periodicidad de los cometas y una precisa descripción de sus órbitas. Con Newton y su época nace la mecánica celeste, esa especialización astronómica que estudia los movimientos de los cuerpos en el espacio. Los más grandes estudiosos de esta materia en el siglo XVIII fueron: L. Euler (1707-1783), K. F. Gauss (1777-1855), A.C. Clairaut (1713-1765), P.S. de la Place (17491827), G. Lagrange (1736-1813). En el mismo período en el que se consolidaban las bases teóricas de la astronomía moderna, se lograron también sustanciales innovaciones en la instrumentación. A mediados del siglo XVIII, el inglés J.Dollond (1706-1761) perfeccionó el telescopio de lente o refractor, con la intro- ducción de la lente Acromática. Más tarde, Wilhelm Herschel (1738-1822) realizó los reflectores más grandes de su época (hasta 122 cm. de diámetro); a comienzos del siglo XIX, Josep Fraunhofer (1787-1826) inventó el Espectroscopio que, permitiendo el estudio de la composición de los astros a través del análisis de sus luces, inició esa nueva zona de estudios astronómicos que toma el nombre de Astrofísica. El desarrollo paralelo de los estudios teóricos y de los instrumentos de observación llevó al descubrimiento de Urano (el séptimo planeta después de Saturno) por parte de Herschel en 1781; del primer Asteroide Ceres, por parte del padre G. Piazzi en 1801; y de Neptuno (octavo planeta) en 1846. Este último fue localizado por J. G. Galle en base a los cálculos efectuados por U. Leverrier y J.C. Adams, que habían previsto su existencia por el estudio de las anomalías del movimiento de Urano.

La astronomía contemporánea

Hacia mediados del siglo XIX, después de la primera medición de la distancia de una estrella, efectuada por el astrónomo alemán F. W. Bessel (1784-1846) con el método del Paralaje, comenzaron los estudios de la estructura de nuestra Galaxia, es decir del sistema de estrellas al que pertenece el Sol. En épocas más recientes las medidas sobre la distribución de las estrellas en nuestra y otras galaxias lejanas, se han beneficiado de otros métodos como la Espectroscopia, el estudio de las Cefeidas, también llamadas piedras millares del Universo, y la Radioastronomía. Mientras tanto, la instrumentación astronómica en tierra ha adquirido, con los grandes reflectores de Monte Palomar (USA), 508 cm., y de Selenciuskaia (URSS), 610 cm., el máximo de las aperturas telescópicas compatibles con la existencia de la atmósfera. En estos años se proyecta la puesta en órbita de un reflector de 2,5 m. llamado Space-telescope que, más allá de las interferencias atmosféricas, permitirá ver diez veces más lejos.

Uno de los logros más importantes de nuestro siglo se debe al astrónomo americano Edwin P. Hubble (1889-1953), que en 1929 descubrió el denominado Desplazamiento hacia el rojo de las galaxias lejanas, es decir: el fenómeno por el cual las líneas espectrales de un cuerpo celeste hacen descender sus frecuencias más bajas (y por tanto hacia el rojo) como consecuencia de su alejamiento con respecto al observador. Esto demuestra que la materia del Universo está aún en fase de expansión. Si se pudiera "proyectar hacia atrás" el film de la evolución del Universo, se vería que en un determinado momento la materia estaba concentrada en un punto. Este momento se remonta a quince o dieciocho mil millones de años y el acontecimiento que dio origen a la expansión, definido por los astrónomos como Big Bang (gran explosión), representa el nacimiento de nuestro Universo. La búsqueda de pruebas posteriores de esta concepción cosmológica alimenta los estudios de la astronomía contemporánea. Entre otras cosas, se han abierto nuevos y estimulantes temas de investigación como consecuencia del descubrimiento de la importancia que tienen en la evolución cósmica, acontecimientos violentos y explosivos: nos referimos en particular a los Agujeros negros y a los objetos más luminosos del Universo, los Quasar.

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