Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

GREENWICH

LA CASA DEL TIEMPO

Fundada en el siglo XVII por el rey Carlos II en las afuera de LOndres, Greenwich se transformó en la principal herramienta para la formación del imperio Británico. Genios como Newton y Halley pasaron por allí y trabajaron para que el mundo civilizado se maneje con el huso horario determinado con precisión desde el observatorio. Hoy es un asombroso museo.

El el siglo XVII, Inglaterra había asumido la tarea de extender las fronteras del mundo hasta hacerlo suyo. Sus barcos, desparramados en los mares hacían "lo necesario" para obtener territorios y riquezas. Esta política epansionista tenía una contra muy fuerte: lo poco conocidas que eran las rutas marítimas; no había manera de determinar la posición exacta de las naves una vez que la Tierra se perdía de la vista y todo se transformaba en una aventura que terminaba mal se los enviados no podían cumplir hasta el final con la estricta consigna de "recaudar para la corona", porque el tesoro acababa en el fondo del mar porque el barco se hundía en el camino equivocado. Era preciso sistematizar la salida aguas adentro, y para eso, se necesitaban datos tan elementales como la posición de las noches y los días, meteorología y, especialmente, determinar la longitud para saber si estaban más al este o más al oeste. Cuando el rey Carlos II estuvo al tanto de las inquietudes de sus marinos, obró con una visión de futuro tan espectacular que hoy, es posible saber con absoluta precisión en grados, minutos y segundos de latitud y longitud, la hora, la distancia que separa un sitio de otro, las profundidades y las alturas, gracias a su determinación.

Un día de 1675, mientras paseaba con su perro en las cercanían de Londres por la colina de Greenwich, en un rincón con vista al Támesis, supo que era el punto desde donde las observaciones del cielo serían exitosas. Su mujer, Louise de Keroualle le susurraba cada noche que la verdad estaba en las estrellas sumando los deseos de su amor a los de marinos y empresarios que pedían el observatorio.

Nombró al arquitecto Christopher Wren para construir el edificio y el primer Astrónomo Real fue el modesto clérigo llamado John Flamsteed de gran reputación como astrónomo práctico. Con un sueldo de cien libras esterlinas al año que debían alcanzarle para comprar herramientas, y pagarle y alimentar a su asistente, se transformó en el primero de los habitantes de la que fue morada de astrónomos por trescientos años y uno de los centros científicos más notables que se recuerden.

LOS TRABAJOS

Wren era un arquitecto bastante hábil y realizó el edificio sobre los cimientos de una vieja construcción que no estaba ubicada en una línea norte-sur como debería haber sido para los propósitos de Flamsteed quien debió hacer su propia línea de meridiano.

En los primeros doce años de trabajo intenso y dinero escaso se hicieron desde Greenwich más de veinte mil observaciones y le fueron entregados a Newton los resultados que le permitieron elaborar la teoría da la gravitación. Los sucesores de Flamsteed tenían al llegar una herencia científica que les permitía destacarse inmediatamente. El primero de ellos, otro reverendo, Kevin Maskelyne, elaboró un genial Almanaque Náutico confeccionado en base a una tabla del movimiento de la Luna. Por su decisión comenzaron a publicarse regularmente los descubrimientos que se hacían en Greenwich, como la comprobación de que los cometas, al igual que los planetas, se mueven de acuerdo a leyes definidas y no son apariciones extrañas ni precursores de desgracias como se pensaba hasta ese momento. Lograron la determinación de las posiciones del Sol, la Luna y los planetas que proporcionan la base para la construcción de tablas de los movimientos de estos cuerpos con las que pueden calcularse las posiciones de estos astros en cualquier momento. En 1840 comenzaron las observaciones meteorológicas y magnéticas de manera sistemática. Desde 1873, se fotografía al Sol diariamente para hacer un registro continuo de sus manchas, especialmente aplicado al estudio de los efectos asociados a las transmisiones de radio. Estas avanzaron considerablemente gracias a los estudios diarios del Observatorio. Mientras las observaciones avanzaban en Greenwich, las relaciones internacionales se encontraban con la complicación de que cada lugar tenía su particular manera de medir el tiempo. El Sol, puesto a pique sobre las cabezas, era el mediodía, es decir las doce, un concepto universal, pero en el mundo hay infinitos mediodías por día. En Greenwich se supo que, a medida que la Tierra gira sobre su eje, varía el instante en que el Sol aparece en posición vertical sobre puntos determinados. El mediodía retrocede cuatro minutos cada grado de longitud hacia el oeste. Esta diferencia no preocupaba a nadie hasta que en Inglaterra aparecieron los ferrocarriles y se aceleraron los viajes. Se dieron cuenta de que el extremo occidental de Inglaterra tenía una diferencia horaria de veinte minutos, y era urgente por razones prácticas tener el mismo huso horario.

La fórmula que llegó a unificar la manera de tomar el tiempo en el mundo provino de Sir Standford Flemming que la sacó sobre la base de los siguientes datos: en un círculo hay 360 grados y la Tierra puede considerarse casi esférica. Si se dividen los 360 grados por 24 horas de cada día da como resultado 15. Flemming propuso, entonces, la creación de una serie de franjas horarias alrededor del globo con una anchura de quince grados cada una. Cada franja equivale a una hora. Esta manera, la mejor que se haya conocido, fue adoptada internacionalmente después de muchas discusiones en una conferencia reunida en Washington en 1884. Las distintas naciones convinieron, en homenaje al Real Observatorio de Greenwich, que debía adoptarse ese lugar como punto de partida o meridiano del mundo. En el viejo Observatorio, el Este se encuentra con el Oeste en longitud Cero.

GREENWICH EN LA ACTUALIDAD

El actual Astrónomo Real está en la Universidad de Durham; mientras que el Observatorio Real de Greenwich está en Cambridge, y la señal horaria viene de la Estación Atómica en Rugby. Pero el gobierno de Gran Bretaña decidió darle a la vieja casa el lugar de templo del tiempo y su reforma para ser museo costó cuaro millones de dólares. El transformado centro es un nuevo museo con 16 galerías dedicadas al progreso del hombre en la cartografía del espacio y la medición del tiempo. La gloria que corona el Viejo Observatorio Real de Wren es la habitación octogonal, la torre desde la cual los nuevos astrónomos reales pueden mirar fijamente a través de sus telescopios. Como observatorio, la habitación tenía un verdadero trabajo: el de hacer de este pequeño puñado de edificios un centro indispensable, en el que se convirtió el Observatorio Real por determinar el comienzo de la hora, la longitud cero, el punto desde el cual todos los relojes se ponen en marcha.

La mayor parte de las nuevas exhibiciones están dedicadas a John Harrison, un hombre que comenzó como carpintero en Yorkshire, que no había leído un sólo libro en su vida pero se entrenó a sí mismo como relojero y hoy se lo considera, junto con Isaac Newton, uno de los que ha cambiado el curso de la historia. Hasta entonces, los relojes habían funcionado con sistemas pendularios impensables en el mar, donde serían constantemente alterados por el movimiento de las olas. Harrison desarrolló un mecanismo compensatorio que permitía obtener el tiempo exacto en el mar, algo que hasta Newton había dicho que era imposible. Murió a los 80 años cuando ya había desarrollado el H4, el cronómetro mecánico más exacto que se haya inventado. La historia de Greenwich es una historia muy humana, de trajedias y triunfos: el Observatorio Real tuvo que avanzar sin miedo a la ciencia. Ahora, es posible pararse en el meridiano y obtener un certificado que prueba que se ha cruzado de Este a Oeste en escaso tiempo. Las habitaciones de Flamsteed han sido recreadas, mostrando la forma en que vivía mientras trabajaba en el Observatorio.

En otra galería hay una explicación de la historia de la medición del tiempo desde los egipcios, hace 6.000 años, hasta los modernos relojes atómicos. Está el cuarto de trabajo del Astrónomo Real, Edmud Halley, un científico famoso porque un cometa lleva su nombre y porque nunca limpiaba sus instrumentos, un pecado gravísimo entre los astrónomos.

El observatorio-museo tiene el telescopio refractor más grande, una Estación de Ciencias para niños, HANDS-ON, y un reloj digital mostrando Greenwich Mean Time (GMT) cerca de centésimos de segundo. Todo con puntualidad inglesa.

MENU PRINCIPAL

Albert  Einstein

Galaxias

Estrellas

El Universo

Nebulosas

Estrellas Variables

Cálculo Celeste

Orígenes de la Vida

Cartas de Variables

Observatorios

La Astrología

Cosmología

Optica Astronómica

Greenwich

La Astronomía

Los Mayas y la Astronomía

Homenaje a Carl Sagan

Telescopios

Exobiología

El Cosmos

Material fotográfico de aficionados

Nuestra Agrupación

Astronomía Práctica

Noticias Astronómicas

Links

   

 

Regresa al MENU